jueves, 15 de enero de 2026

SEGUNDA PIEL

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La ropa es tu segunda piel y te representa mucho mejor que el cuerpo que la sostiene (y que tu no has elegido). Lo que nos diferencia de los animales no sólo es la inteligencia sino también la libertad de poder ser diferentes del resto de nuestra especie. Para marcar esa identidad, lo más visible, lo más inmediato es la ropa que llevas, pues identifica tu status, tu profesión, tu procedencia, bien es cierto que estas diferencias antes eran más nítidas pues ahora se diluyen las fronteras de la moda: puedes ver a un niño de papa con ropas hippy y al hijo de un obrero con prendas de marca (aunque sean imitaciones).

Vestirse, en muchos casos, es como componer una obra de arte, dicen que Matisse tardaba mucho en considerar terminados algunos de sus cuadros y que, a veces, una única pincelada le bastaba para sentir que por fin lo había conseguido. Así hay muchas personas que se miran ante el espejo y no quedan satisfechas con lo que ven, y de repente, un pequeño detalle (un cinturón, una corbata, un pañuelo) es la pincelada que faltaba para componer el outfit deseado. En cualquier caso es bueno recordar esa máxima de la arquitectura renacentista que dice que “lo que no suma resta”, por tanto si añades un complemento y no mejora tu atuendo, mejor quítatelo.

Que la ropa es una segunda piel lo comprobé ya en el verano de 1981, tenía 16 años, era sábado en la noche y marchaba exultante con mis amigos hacia la verbena, en Navahonda.   Cuando ya estábamos llegando, se nos ocurrió hacer algo divertido y especial, y decidimos cambiarnos la ropa entre nosotros. Dicho y hecho nos fuimos  detrás de la valla, donde el matadero, y a mí me tocó  intercambiar la ropa con Javier. Me puse sus pantalones de pinzas y un polo Fred Perry azul marino que tenía muy chulo, él mi camisa blanca de cuello Mao y unos pantalones vaqueros desgastados que eran mis favoritos. Igual que cuando te disfrazas te desinhibes y puedes convertirte en algo que no eres, al llevar su ropa tomé también prestada parte de su personalidad, más seductora, más elegante y él, del mismo modo, se comportó un poco más gamberro y espontáneo.   Él que era más de barra que de pista se puso a bailar y yo , que era más movido y no dejaba de danzar toda la noche, me quedé sentado en una mesa observando el panorama. A él se le acercaron chicas (más de lo que ya era normal) sorprendidas quizás por esa actitud más divertida y para mi sorpresa a mi también se me acercaron algunas chicas ( lo cual no era normal) pues quizá les atrajo  mi actitud más distante y distinguida.  Lo pasamos estupendamente aquella noche con ese cambio de papeles y al día siguiente, cuando íbamos a devolvernos la ropa, decidimos quedarnos con la camisa del otro para siempre, como juramento de nuestra amistad, como pacto de sangre de nuestra juventud.

A lo  largo de la vida quedan en arraigadas en tu memoria algunas prendas que se vuelven míticas, quizá porque te veías más guapo que nunca, o porque te traen un grato recuerdo o quizás te dieron suerte . Yo con cierto fetichismo las he guardado como oro en paño, aunque nunca más las vistiera. Eso me ocurrió con aquel polo azul. También recuerdo una camiseta a rayas horizontales  negras y amarillas,  como la que llevaba  Sting en sus primeros conciertos, mi ídolo entonces,  y  cuando ya estaba vieja y con algún agujero  mi madre quiso hacerla trapos y yo no la dejé ,  guardándola en un baúl como si fuera un tesoro, o un bañador beige con un ribete verde oscuro, que como en la película el bañista ,protagonizada por Burt Lancaster, me hacía sentir poderoso, inmortal,  y más vestido que cuando llevaba tres capas de ropa en los días de invierno.

En mi época la ropa era más cara (no venía de lejanos talleres de Asia) y las familias no ganaban tanto dinero como ahora, por lo que nuestro armario tenía una décima parte de las prendas que tienen ahora los jóvenes. Contábamos con dos o tres pares de pantalones, algunas camisetas y dos pares de zapatillas, unas para salir y las otras para hacer deporte (las que estuvieran más viejas). Ahora tengo un montón de ropa, entre otras razones porque sigo poniéndome prendas que tengo desde hace más de 20 años, y esto es porque soy de Bayuela y sabemos  aprovechar bien las cosas y en  segundo lugar porque me hace rejuvenecer, segunda piel.



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