La SER organiza cada semana un concurso de microrrelatos que no deben exceder las 100 palabras y que tienen que empezar con una frase obligatoria que ellos marcan. Dejo aquí un unos microrrelatos que he escrito con esas frases:
UN POLICÍA SE DETIENE ANTE ÉL...
PRESENCIA
Un policía se detiene ante él, pero no le reconoce. Aunque
ha cometido múltiples crímenes, aunque ha matado y extorsionado, aunque su
nombre causara pavor.
Él, herido en su orgullo, dirige al policía la peor de sus
miradas, aprieta las mandíbulas y le reta con las manos. Entonces el policía, le dedica una sonrisa
afectuosa y le pregunta: ¿Abuelo, le ayudo a cruzar la calle? Y él, que fue el
hombre más buscado del país , el más temido, sufre ahora la humillación de cruzar el paso de cebra con la ayuda de su andador y
escoltado por un policía y piensa: ¡Que mierda de vida!
AÑORO ESE SABOR...
COMPOSICIÓN
Añoro ese sabor tan delicioso a perejil y a ajo bien picado
y la música que hacía mi madre al machacarlos en el mortero de latón. Echo de
menos el estribillo que sonaba en la cazuela mientras se cocinaba el guiso de
patatas y el canto agudo de la olla a presión representando un aria memorable.
Recuerdo con nostalgia la percusión rítmica del cuchillo redoblando
sobre la tabla y el baile que dibujaba mi madre en el aire con la cuchara mientras dirigía todo lo que sucedía en los
fogones.
Y no pude ser cocinero como ella, no tenía talento, así que me
hice director de orquesta.
UN TRANVÍA LLAMADO ALIMENTO
Añoro ese sabor tan delicioso a perejil y a ajo bien picado que ponías en el guiso de patatas. Tu salabas, yo probaba, tu removías, yo bajaba el fuego, y aunque no habláramos sentíamos una fuerte conexión con aquella coreografía. Lo recuerdo con nostalgia porque la cocina se convirtió en el último territorio común, el único lugar de encuentro, y rodeados por el aroma a pan tostado y café hirviendo podíamos fingir que compartíamos apetito y no solo rutina. Pero un día nuestro amor se quedó definitivamente frío, como un plato que lleva ya mucho tiempo servido .
COMENZÓ A MORDERME COMO SI ME RECONOCIERA
EL MEJOR AMIGO
Comenzó a morderme como si me reconociera, clavando sus
colmillos en mi pierna cuidadosamente, sin hacerme daño, pero dejando una marca
que indicaba que yo era suyo. Había husmeado a otros personas pero no le habían
convencido y finalmente se detuvo ante mi. Me puse muy contento de que me
eligiera porque estaba harto de estar solo y necesitaba cariño. Por fin me liberaron de las jaulas del
refugio para seres humanos. Me sentí feliz de ir agarrado a la correa que el
llevaba para que yo no me perdiera de camino a su casa.
FIDELIDAD
Comenzó a morderme como si me reconociera. Era un perro
flacucho y feo que salió de la nada, alguien debía haberle abandonado porque sus
ojos reflejaban tristeza. No debió bastarle al dueño todo
el amor y fidelidad que le tenía el perro, ni que lamiera el viento de alegría
cuando le paseaba, ni que moviera la
cola como una bandera cuando llegaba a
casa, porque lo que le faltaba era pedigrí. Le entendía perfectamente, a mí
también me habían dejado alegando que me faltaba clase. Así que le acaricié, me lo llevé a casa y le puse mi nombre.
VIENTO
Comenzó a morderme como si me reconociera, el viento me
arrancaba el sombrero a dentelladas y aullaba mi nombre. Yo trataba inútilmente
de apartarlo con la mano pero él pensó que estábamos hechos de la misma materia
y no quería parar.
Seguí subiendo a la montaña, el viento inflaba mi chaqueta
como si fuera una vela y me subía hacia arriba con el ímpetu con que una madre
coge en brazos a su hijo.
Y cuando llegué a la cima me dio un último empujón y luego
paró su respiración. Por fin pude volar solo.
EL POEMA QUE ÉL NUNCA TERMINÓ
POEMA
El poema que él nunca terminó decía:
“Hay días en que sale el sol como una horca,
tensando la cuerda de la vida
hasta que se rompen
los sueños.
Hay días que parecen noches,
porque lucen un espíritu oscuro
que lo cubre todo de
tristeza .
Hay días que son como una condena,
y el calendario es una sentencia
clavada en el alma y
en los zapatos.
Hay días en que nada importa,
hay días en que sale
el sol como una horca
y cae la noche como una guillotina.
Hay días en que
me quitaría la vida… (puntos suspensivos)”
OBRA FINAL
El poema que él nunca terminó habría de ser la cumbre de la
literatura, haría llorar a los hombres y
dudar a los dioses , por eso
meditaba cada palabra y hacía sonar cada rima en el renglón de un pentagrama.
El poema que él nunca terminó resumiría toda su obra y sería
el culmen de la belleza, por eso no debía apresurarse al escribirlo y había
metáforas en los que había empleado más de una década. Hacer cada verso era la
misión a la que había consagrado su vida.
El poema que él nunca terminó lo acabó el marmolista
esculpiendo el epitafio de su tumba.
NO RECORDABA HABERLO ESCONDIDO TAN BIEN
EL TIEMPO
MI TESORO
No recordaba haberlo escondido tan bien. Oculté mi corazón en la bebida, donde ella no pudiera encontrarlo, porque ya antes me lo había robado y me costó mucho recuperarlo. Cuando volví a verla en aquel bar, donde habíamos pasado largas noches de sábado, me mantuve tranquilo, no lo llevaba encima así que no podía volver a quitármelo. Me dedicó esa sonrisa infinita con la que antes me derretía pero no fundió ni los hielos de mi vaso. Lo malo es que ahora no encuentro mi corazón. Es la última vez que dibujo el mapa del tesoro en una botella de ginebra. N
TE REINSERTAN EN UNOS GRANDES ALMACENES
LOS TIEMPOS CAMBIAN
Te reinsertan en unos grandes almacenes. Yo, que fui venerada por los hombres en la antigüedad,
soy ahora tan solo un maniquí en la 3ª planta
de “Señoras” y aunque no tengo brazos luzco un caro vestido de noche, es lo que
toca . Pero prefiero estar aquí que en
el Louvre, los museos son como residencias de ancianos, lugares aburridos donde
te visitan, sin mucho entusiasmo, en un horario acordado. Mejor le va a la
Victoria de Samotracia, que abrirá el desfile de ropa íntima de los ángeles de “Victoria Secret”. Soy la Venus de
Milo y estos son otros tiempos.
CONCURSO
Supongo que algunos hábitos se heredan sin querer, como el que
tenía mi padre de enviar cuentos y poemas a concursos literarios. Nunca le
premiaron ninguno, ni tan siquiera una mención, pero él seguía enviándolos cada
semana con la ilusión del que juega la lotería, esperando que algún día tocara . A mí, la verdad, no me gusta la
literatura pero escribo por honrar su
memoria y conseguir lo que el tanto buscó. Solo hay dos opciones: o termino
ganando el concurso de microrrelatos de la
radio o volaré desde la terraza de la 8ª planta de Gran Vía 32, como hizo él.
POR SI UNA NOCHE DECIDE DEVOLVERNOS LO QUE NOS QUITÓ
AMARGA NAVIDAD
Por si una noche decide devolvernos lo que nos
quitó , mi hermano y yo seguimos poniendo una copita de anís y unas cabritillas
de mazapán encima de la mesa, porque llevamos 2 años que Papa Noel no nos deja
ningún regalo al pie de la chimenea, pero al menos que nos devuelva los
zapatos.
CAPITAL
Por si una noche decide devolvernos lo que nos
quitó dejo encendida una luz dentro de la casa. Tu marchaste a la ciudad
buscando el neón y la fama, yo no podía abandonar las estrellas y la montaña.
Tu querías el brillo del asfalto y coches de alta gama, yo el caminar de mi
burro y el rocío de la mañana. Tu querías la animación y el ruido, yo el
silencio y después la calma. El progreso fue quien nos separó pero a mí el
futuro no me dejó nada. Dicen que los pueblos se mueren y yo tengo el alma vaciada.
LA RENDIJA
DESEOS
Y solo deseo que un día el aire tenga suficiente fuerza, como para soltar las
pinzas que me sujetan y así poder volar libre, como una cometa.
Ya está aquí otra vez la corriente de aire, a tomar por
saco. Se creen los niños que soy un puto perro y tiran del hilo como si fuera
una correa. Arriba, abajo, arriba, abajo, me hacen cabecear bruscamente a base
de tirones mientras mi cola firma
garabatos absurdos en el cielo. Solo
espero que algún día se rompa la cuerda y por fin pueda volar libremente.
Desafiaré a las nubes y sé que
en algún momento caeré al mar,
como le ocurrió a Ícaro, pero más vale
disfrutar de un día de libertad que ser toda la vida un esclavo.
DESTINO
Ya está aquí otra vez la corriente de aire que me arranca el
sombrero y aúlla mi nombre. Trato
inútilmente de apartarla con la mano pero me ignora, infla mi chaqueta como si
fuera una vela y me levanta del suelo
con el ímpetu con que una madre coge en brazos a su hijo. Ignoro que es
lo que pretende pero me empuja arriba de
la montaña con un propósito que desconozco. Y cuando llegamos a la cima me
acerca al precipicio y me da un último
empujón y luego para su respiración .
Ahora tengo que volar solo.
LA DUDA








