jueves, 15 de enero de 2026

MICRORRELATOS

La SER organiza cada semana un concurso de microrrelatos que no deben exceder las 100 palabras y que tienen que empezar con una frase obligatoria que ellos marcan. Dejo aquí un unos microrrelatos que he escrito con esas frases:



UN POLICÍA SE DETIENE ANTE ÉL...











PRESENCIA   

 Un policía se detiene ante él, aunque no lo ve ha sentido su presencia, ha escuchado sus pasos y reconocido su perfume. Palpando formas en el aire ha logrado cogerle por la cintura y entonces, trayéndole hacia sí, le ha besado en la boca y después, sonriendo, le ha dicho:  “Anda vete, que estás loco. Nos vemos luego en casa”.  Porque el hombre invisible, como cualquier superhéroe, después de la dura tarea de enfrentarse a los villanos y luchar contra el crimen,  se ha ganado el derecho a visitar a su novio en la comisaría, aunque sea en  horas de trabajo.

  EL VERDUGO DEL TIEMPO

Un policía se detiene ante él, pero no le reconoce. Aunque ha cometido múltiples crímenes, aunque ha matado y extorsionado, aunque su nombre causara pavor.

Él, herido en su orgullo, dirige al policía la peor de sus miradas, aprieta las mandíbulas y le reta con las manos.  Entonces el policía, le dedica una sonrisa afectuosa y le pregunta: ¿Abuelo, le ayudo a cruzar la calle? Y él, que fue el hombre más buscado del país , el más temido, sufre ahora  la humillación de cruzar  el paso de cebra con la ayuda de su andador y escoltado por un policía y piensa: ¡Que mierda de vida!

 

AÑORO ESE SABOR...








COMPOSICIÓN

Añoro ese sabor tan delicioso a perejil y a ajo bien picado y la música que hacía mi madre al machacarlos en el mortero de latón. Echo de menos el estribillo que sonaba en la cazuela mientras se cocinaba el guiso de patatas y el canto agudo de la olla a presión representando un aria memorable.

Recuerdo con nostalgia  la percusión rítmica del cuchillo redoblando sobre la tabla y el baile que dibujaba mi madre en el aire con la cuchara  mientras dirigía todo lo que sucedía en los fogones.

Y no pude ser cocinero como ella, no tenía talento, así que me hice director de orquesta.


UN TRANVÍA LLAMADO ALIMENTO

Añoro ese sabor tan delicioso a perejil y a ajo bien picado que ponías en el guiso de patatas. Tu salabas, yo probaba, tu removías, yo bajaba el fuego, y aunque no habláramos sentíamos una fuerte conexión con aquella coreografía. Lo recuerdo con nostalgia porque la cocina se convirtió en el último territorio común, el único lugar de encuentro, y rodeados por el aroma a pan tostado y  café hirviendo podíamos fingir que compartíamos apetito y no solo rutina. Pero un día nuestro amor se quedó definitivamente frío, como un plato que  lleva ya mucho tiempo servido .


COMENZÓ A MORDERME COMO SI ME RECONOCIERA









EL MEJOR AMIGO

Comenzó a morderme como si me reconociera, clavando sus colmillos en mi pierna cuidadosamente, sin hacerme daño, pero dejando una marca que indicaba que yo era suyo. Había husmeado a otros personas pero no le habían convencido y finalmente se detuvo ante mi. Me puse muy contento de que me eligiera porque estaba harto de estar solo y necesitaba  cariño. Por fin me liberaron de las jaulas del refugio para seres humanos. Me sentí feliz de ir agarrado a la correa que el llevaba para que yo no me perdiera de camino a su casa.


FIDELIDAD

Comenzó a morderme como si me reconociera. Era un perro flacucho y feo que salió de la nada, alguien debía haberle abandonado porque sus ojos reflejaban tristeza. No debió bastarle al dueño   todo el amor y fidelidad que le tenía el perro, ni que lamiera el viento de alegría cuando le  paseaba, ni que moviera la cola como una bandera  cuando llegaba a casa, porque lo que le faltaba era pedigrí. Le entendía perfectamente, a mí también me habían dejado alegando que me faltaba clase. Así  que le acaricié,  me lo llevé a casa y  le puse mi nombre.


VIENTO

Comenzó a morderme como si me reconociera, el viento me arrancaba el sombrero a dentelladas y aullaba mi nombre. Yo trataba inútilmente de apartarlo con la mano pero él pensó que estábamos hechos de la misma materia y no quería parar.

Seguí subiendo a la montaña, el viento inflaba mi chaqueta como si fuera una vela y me subía hacia arriba con el ímpetu con que una madre coge en brazos a su hijo.

Y cuando llegué a la cima me dio un último empujón y luego paró su respiración. Por fin pude volar solo.


EL POEMA QUE ÉL NUNCA TERMINÓ








POEMA

El poema que él nunca terminó decía:

“Hay días en que sale el sol como una horca,

tensando la cuerda de la vida

 hasta que se rompen los sueños.

Hay días que parecen noches,

porque lucen un espíritu oscuro

que lo cubre todo  de tristeza .

Hay días que son como una condena,

y el calendario es una sentencia

clavada en el alma  y en los zapatos.

Hay días en que nada importa,

hay días en  que sale el sol como una horca

y cae la noche como una guillotina.

Hay días en que  me  quitaría la vida…  (puntos suspensivos)”

 

OBRA FINAL

El poema que él nunca terminó habría de ser la cumbre de la literatura, haría llorar a los hombres y  dudar a los dioses ,  por eso meditaba cada palabra y hacía sonar cada rima en el renglón de un pentagrama.

El poema que él nunca terminó resumiría toda su obra y sería el culmen de la belleza, por eso no debía apresurarse al escribirlo y había metáforas en los que había empleado más de una década. Hacer cada verso era la misión a la que había consagrado su vida.

El poema que él nunca terminó lo acabó el marmolista esculpiendo el epitafio de su tumba.


NO RECORDABA HABERLO ESCONDIDO TAN BIEN








EL TIEMPO

 No recordaba haberlo escondido tan bien pero hacía tiempo que no veía al niño que fui. Lo había tapado con capas de madurez, trabajo y obligaciones.  Pero ayer me puse a limpiar papeles y ordenar cajas antiguas y de repente apareció entre los tebeos de Mortadelo y Filemón y las historietas del capitán Trueno. Me miró con tristeza y me echó en cara haberme  olvidado de él. Pasamos el resto de la tarde juntos viendo películas en el Cinexin y jugando con el Scalextric. Mañana buscaré al adolescente que fui entre los discos de Supertramp y Miguel Ríos.

MI TESORO

No recordaba haberlo escondido tan bien. Oculté mi corazón en la bebida, donde ella no pudiera encontrarlo, porque ya antes me lo había robado y me costó mucho recuperarlo. Cuando volví a verla en aquel bar, donde habíamos pasado largas noches de sábado, me mantuve tranquilo, no lo llevaba encima así que no podía volver a quitármelo. Me dedicó esa sonrisa infinita con la que antes me derretía pero no fundió ni los hielos de mi vaso. Lo malo es que ahora no encuentro mi corazón. Es la última vez que dibujo el mapa del tesoro en una botella de ginebra.  N    


TE REINSERTAN EN UNOS GRANDES ALMACENES








LOS TIEMPOS CAMBIAN

  Te reinsertan en unos grandes almacenes. Yo,  que fui venerada por los hombres en la antigüedad,  soy ahora tan solo un maniquí en la 3ª planta de “Señoras” y aunque no tengo brazos luzco un caro vestido de noche, es lo que toca .  Pero prefiero estar aquí que en el Louvre, los museos son como residencias de ancianos, lugares aburridos donde  te visitan, sin mucho entusiasmo,  en un horario acordado. Mejor le va a la Victoria de Samotracia, que  abrirá  el desfile de ropa íntima de los  ángeles de “Victoria Secret”. Soy la Venus de Milo y estos son otros tiempos.


 SUPONGO QUE ALGUNOS HÁBITOS SE HEREDAN SIN QUERER










CONCURSO

Supongo que algunos hábitos se heredan sin querer, como el que tenía mi padre de enviar cuentos y poemas a concursos literarios. Nunca le premiaron ninguno, ni tan siquiera una mención, pero él seguía enviándolos cada semana con la ilusión del que juega la lotería, esperando que algún día  tocara . A mí, la verdad, no me gusta la literatura pero escribo  por honrar su memoria y conseguir lo que el tanto buscó. Solo hay dos opciones: o termino ganando el concurso de microrrelatos de  la radio o volaré desde la terraza de la 8ª planta de Gran Vía 32, como hizo él.


POR SI UNA NOCHE DECIDE DEVOLVERNOS LO QUE NOS QUITÓ



 






AMARGA NAVIDAD

 Por si una noche decide devolvernos lo que nos quitó , mi hermano y yo seguimos poniendo una copita de anís y unas cabritillas de mazapán encima de la mesa, porque llevamos 2 años que Papa Noel no nos deja ningún regalo al pie de la chimenea, pero al menos que nos devuelva los zapatos.

 

 CAPITAL

 Por si una noche decide devolvernos lo que nos quitó dejo encendida una luz dentro de la casa. Tu marchaste a la ciudad buscando el neón y la fama, yo no podía abandonar las estrellas y la montaña. Tu querías el brillo del asfalto y coches de alta gama, yo el caminar de mi burro y el rocío de la mañana. Tu querías la animación y el ruido, yo el silencio y después la calma. El progreso fue quien nos separó pero a mí el futuro no me dejó nada. Dicen que los pueblos se mueren y yo tengo el alma vaciada.

 


YA ESTÁ AQUÍ OTRA VEZ LA CORRIENTE DE AIRE






LA RENDIJA

 Ya está aquí otra vez la corriente de aire que entra por la rendija . Maldita corriente que me trae  el aroma de los campos  y el  canto de los pájaros que luego anidan en mi cráneo. Por favor sellad su paso, porque aquí dentro reina el silencio y el orden pero afuera todo brilla y exige esperanza. Yo ya pagué ese precio. Cerrad a cal y canto  la lápida de mi sepultura,porque la muerte es una noche eterna a la que uno se acostumbra, pero es cruel  ver que  en el horizonte apunta la luz del sol pero nunca amanece.

 

DESEOS

 Ya está aquí otra vez la corriente de aire, eso me pone contenta. Porque me  aburro de estar tendida al sol en la terraza,  sin otra cosa que hacer que bailar una triste sardana junto a mis compañeras.  Y es que el aire  me hace moverme como un ala, como una bandera y aunque los hombres  me admiran cuando voy pegada al pecho de mi dueña, mi cuerpo de algodón dice poco cuando estoy sola y quieta.

Y solo deseo que un día el aire  tenga suficiente fuerza, como para soltar las pinzas que me sujetan y así poder volar libre, como una cometa.

 

 QUE SE ROMPA LA CUERDA

Ya está aquí otra vez la corriente de aire, a tomar por saco. Se creen los niños que soy un puto perro y tiran del hilo como si fuera una correa. Arriba, abajo, arriba, abajo, me hacen cabecear bruscamente a base de tirones  mientras mi cola firma garabatos absurdos en el  cielo. Solo espero que algún día se rompa la cuerda y por fin pueda volar libremente. Desafiaré a las  nubes y  sé que  en   algún momento caeré al mar, como le ocurrió a  Ícaro, pero más vale disfrutar de un día de libertad que ser toda la vida un esclavo.


 DESTINO

Ya está aquí otra vez la corriente de aire que me arranca el sombrero y aúlla  mi nombre. Trato inútilmente de apartarla con la mano pero me ignora, infla mi chaqueta como si fuera una vela y me levanta del suelo  con el ímpetu con que una madre coge en brazos a su hijo. Ignoro que es lo que pretende pero me empuja  arriba de la montaña con un propósito que desconozco. Y cuando llegamos a la cima me acerca al precipicio  y me da un último empujón y luego para su respiración  . Ahora tengo que volar solo.


LA DUDA

 Ya está aquí otra vez la corriente de aire y me pregunta, pero mis dudas continúan. Hace ya un año que estoy aquí y no tengo claro lo que quiero, aunque la barca espera hace tiempo  en la bocana de la playa. Cada vez que viene el aire y empuja la vela me pone en la tesitura de tomar una decisión: ¿Hacerme a la mar y volver a la civilización con los míos   o quedarme para siempre solo  en esta isla paradisiaca ? ,¿Volver al runrún de los vehículos o quedarme aquí con mi biblioteca de conchas y la orquesta de caracolas?... El dilema del naufrago.

 








SEGUNDA PIEL

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La ropa es tu segunda piel y te representa mucho mejor que el cuerpo que la sostiene (y que tu no has elegido). Lo que nos diferencia de los animales no sólo es la inteligencia sino también la libertad de poder ser diferentes del resto de nuestra especie. Para marcar esa identidad, lo más visible, lo más inmediato es la ropa que llevas, pues identifica tu status, tu profesión, tu procedencia, bien es cierto que estas diferencias antes eran más nítidas pues ahora se diluyen las fronteras de la moda: puedes ver a un niño de papa con ropas hippy y al hijo de un obrero con prendas de marca (aunque sean imitaciones).

Vestirse, en muchos casos, es como componer una obra de arte, dicen que Matisse tardaba mucho en considerar terminados algunos de sus cuadros y que, a veces, una única pincelada le bastaba para sentir que por fin lo había conseguido. Así hay muchas personas que se miran ante el espejo y no quedan satisfechas con lo que ven, y de repente, un pequeño detalle (un cinturón, una corbata, un pañuelo) es la pincelada que faltaba para componer el outfit deseado. En cualquier caso es bueno recordar esa máxima de la arquitectura renacentista que dice que “lo que no suma resta”, por tanto si añades un complemento y no mejora tu atuendo, mejor quítatelo.

Que la ropa es una segunda piel lo comprobé ya en el verano de 1981, tenía 16 años, era sábado en la noche y marchaba exultante con mis amigos hacia la verbena, en Navahonda.   Cuando ya estábamos llegando, se nos ocurrió hacer algo divertido y especial, y decidimos cambiarnos la ropa entre nosotros. Dicho y hecho nos fuimos  detrás de la valla, donde el matadero, y a mí me tocó  intercambiar la ropa con Javier. Me puse sus pantalones de pinzas y un polo Fred Perry azul marino que tenía muy chulo, él mi camisa blanca de cuello Mao y unos pantalones vaqueros desgastados que eran mis favoritos. Igual que cuando te disfrazas te desinhibes y puedes convertirte en algo que no eres, al llevar su ropa tomé también prestada parte de su personalidad, más seductora, más elegante y él, del mismo modo, se comportó un poco más gamberro y espontáneo.   Él que era más de barra que de pista se puso a bailar y yo , que era más movido y no dejaba de danzar toda la noche, me quedé sentado en una mesa observando el panorama. A él se le acercaron chicas (más de lo que ya era normal) sorprendidas quizás por esa actitud más divertida y para mi sorpresa a mi también se me acercaron algunas chicas ( lo cual no era normal) pues quizá les atrajo  mi actitud más distante y distinguida.  Lo pasamos estupendamente aquella noche con ese cambio de papeles y al día siguiente, cuando íbamos a devolvernos la ropa, decidimos quedarnos con la camisa del otro para siempre, como juramento de nuestra amistad, como pacto de sangre de nuestra juventud.

A lo  largo de la vida quedan en arraigadas en tu memoria algunas prendas que se vuelven míticas, quizá porque te veías más guapo que nunca, o porque te traen un grato recuerdo o quizás te dieron suerte . Yo con cierto fetichismo las he guardado como oro en paño, aunque nunca más las vistiera. Eso me ocurrió con aquel polo azul. También recuerdo una camiseta a rayas horizontales  negras y amarillas,  como la que llevaba  Sting en sus primeros conciertos, mi ídolo entonces,  y  cuando ya estaba vieja y con algún agujero  mi madre quiso hacerla trapos y yo no la dejé ,  guardándola en un baúl como si fuera un tesoro, o un bañador beige con un ribete verde oscuro, que como en la película el bañista ,protagonizada por Burt Lancaster, me hacía sentir poderoso, inmortal,  y más vestido que cuando llevaba tres capas de ropa en los días de invierno.

En mi época la ropa era más cara (no venía de lejanos talleres de Asia) y las familias no ganaban tanto dinero como ahora, por lo que nuestro armario tenía una décima parte de las prendas que tienen ahora los jóvenes. Contábamos con dos o tres pares de pantalones, algunas camisetas y dos pares de zapatillas, unas para salir y las otras para hacer deporte (las que estuvieran más viejas). Ahora tengo un montón de ropa, entre otras razones porque sigo poniéndome prendas que tengo desde hace más de 20 años, y esto es porque soy de Bayuela y sabemos  aprovechar bien las cosas y en  segundo lugar porque me hace rejuvenecer, segunda piel.



viernes, 24 de octubre de 2025

LA HUERTA

 

 


Mi primer recuerdo de la Huerta, en Cardiel, siendo niño,  es  una montaña de sandías inmensa que  mi abuelo y mis tíos habían recogido y habían apilado en la parte alta de la finca, donde mejor se cultivaban. Mientras, en la caseta, el gigante motor diésel Tamborini, traído desde Italia en los años 50,  sacaba agua  haciendo un ruido ensordecedor, como el de una moto con el tubo de escape roto. Se regaban los tomates, las patatas, la “vertualla” (como llamaba mi padre a las verduras) y a mí me encantaba verle como iba abriendo los surcos con el azadón mientras el agua corría. Era como jugar a hacer presas y cuando me dejaba hacerlo a mí me resultaba divertidísimo y me sentía importante.

Luego, de adolescente, me fastidiaba un poco la huerta. Me fastidiaba tener que levantarme a las 7 de la mañana para llevar el burro de mi Tío Dionisio ,desde Bayuela a Cardiel , para empezar pronto a arar, antes de que hiciera calor . Lo peor no era madrugar sino que un día, cuando lo traía de vuelta, a la hora de comer, me encontré a la altura de la Caseta con mis amigas Esther y Marga, conducían sus ciclomotores, una  Puch X 30 amarilla  y un Vespino gris , mientras yo montaba , con muy poca dignidad, un jumento  cárdeno de una sola velocidad. Me saludaron con gran simpatía pero yo me moría de vergüenza. Me fastidiaba tener que ayudar a mi padre a arrancar las patatas  y que me llamara la atención cuando mordía alguna con el azadón. Yo le decía que se me metía el sudor en los ojos y que no veía bien y él me contestaba con sorna “Tienes más cuento que el buey limón que cucaba con la luna”  y añadía como reflexión “si volviera otra  vez la guerra ya verías ”,  que era una muletilla que utilizaba a veces  cuando no me apetecía hacer algo o no me gustaba una comida, para recordarme que tenía una vida regalada y que no debía quejarme.  Yo lo veía como un comentario de persona mayor, ideas de otra época, pero ahora que estamos viviendo tiempos convulsos y que el mundo lo gobiernan locos como Trump o Putin, no descarto que algún día tengamos que volver todos al pueblo a vivir otra vez de la tierra.

Más tarde cuando ya me hice adulto empecé a entender a mi padre. Podía resultar sorprendente verle tan contento mientras doblaba el espinazo para quitar las malas hierbas, pero después de una semana de duro trabajo en la fábrica, un trabajo monótono y repetitivo, la huerta le daba la oportunidad de hacer algo creativo, algo que producía vida (durante la semana era un esclavo, el fin de semana un Dios). Frente a la frialdad y grisura de la cadena de montaje y sus piezas para coches se le ofrecía el calor y variedad del surco y sus plantas. Ya no me importaba ayudarle y le pasaba la mula mecánica (que sustituyó al burro de mi tío  Dionisio) y  cortaba la maleza con la desbrozadora (que remplazó a la hoz de mi abuelo Demetrio). No es que me entusiasmara pero me permitía hacer ejercicio al aire libre y  me daba la oportunidad de pasar más tiempo con mi padre.

Cuando murió, hace unos años, tuve la necesidad de seguir su labor, sentir que esa parte no moría con él. Me consta que otras personas que, como yo, no estaban especialmente interesadas en cultivar un huerto  también cogieron el relevo de su padre cuando este les  faltó. Cuanto me alegro de haber tomado esa decisión, pues yo, de naturaleza impetuosa, que estoy siempre de acá para allá,  he aprendido con la huerta a estar quieto, a mantener los pies pegados a la tierra , a tener paciencia, a observar sin más como van ocurriendo las cosas.  La Huerta me ha hecho también estar más cerca de la naturaleza,  sentir que formo   parte de su proyecto global aunque sea con un pequeño papel, igual que una hormiga . La Huerta me ha ayudado a comer de manera más sana pues en verano, con las neveras a tope de calabacines, pimientos y tomates, no dejo de comer gazpacho, pisto y ensaladas. Y podría continuar exponiendo las excelencias de tener un huerto, pero de todas las razones la más fuerte, la más profunda es volverme a sentir un niño que juega con el agua a hacer presas.

UN AMIGO

 

 


Amigos de verdad tengo  pocos  y muy buenos, creo que no puede ser de otro modo. Porque si tienes muchos no se puede cultivar la verdadera amistad, y si son  buenos  ¿para que necesitas más? . Para mí los amigos son como los zapatos, por muchos que tengas siempre te pones  los que más me gustan y con los que más cómodo vas.  Los míos vienen desde la adolescencia y son de Bayuela ,  nunca necesité otros.

Uno de esos buenos amigos  es Jesús Sanz. Mi amistad con él empezó en 1977, en el  verano de 7º de EGB. Era el inicio de las vacaciones y un grupo de chicos de la misma edad pero de distinta procedencia ( Bayuela, Talavera, Madrid…), formamos  una  pandilla improvisada  que tenía en común el estar todo el verano en el pueblo y las ganas de pasarlo bien. Alguien propuso ir al “Batán” para ver los toros de Severo y bañarnos después en unas pozas excavadas en las piedras  del arroyo. A la vuelta paramos un momento para coger  zarzamoras, pero los demás chicos continuaron su camino y Jesús y yo nos quedamos solos  continuando con la recolecta. Luego  bajamos por carretera del Real compartiendo frutos y sentimientos y en esos dos o tres  kilómetros que median hasta el pueblo  nos hicimos amigos para siempre.

Éramos diferentes: Yo  visceral, impulsivo y  poco motivado por los estudios, mientras que él era pacifico, racional y  buen estudiante. A mí me gustaba Police, que tenía canciones movidas y muy rítmicas,  y a él Mike Oldfield cuya música era tranquila y armónica.  Pero con la amistad me pasa como con el amor, no sabría explicar lo que me atrae de la otra persona, pero sé desde el primer momento cuando quiero a alguien. Supongo que sus virtudes apaciguaban mis defectos,  Jesús me daba serenidad.

 Si el inicio de nuestra amistad se debió  al gusto por  las zarzamoras  lo que nos unió definitivamente fue la atracción por las chicas. Vivimos un montón de aventuras juntos pero  el poco espacio con el cuento   y  el pudor no me permiten contarlas todas,   voy a resumirlas en tres historias que ocurrieron en  años sucesivos  durante las fiestas del pueblo (no es casualidad, las Fiestas, sobre todo en la adolescencia, suponen una revolución) y recogen las tres maneras posibles  de acabar una relación con el otro sexo :

MAL: Nos gustaban dos hermanas   que vivían en la carretera de Cardiel,   no nos hacían mucho caso, pero no dejamos por ello de perseguirlas durante más de un año. Durante las fiestas habían estado con los dos mismos chicos todo el tiempo y  el último día, cuando acabaron las chotillas,  nos fuimos enfrente de su casa para verlas llegar. Era una especie de despedida a distancia pues al día siguiente yo me iba a Madrid, y Jesús a Talavera, se acababa el verano. Nos subimos al techo de la Báscula para los camiones, que era nuestro observatorio secreto, y al poco rato las vimos llegar acompañadas de los dos mismos chicos,   en el momento de despedirse se besaron en la boca. La desilusión nos invadió. La verdad es que no esperábamos que fueran algún día nuestras pero  era duro constatar que ya eran definitivamente de otros. Nos  quedamos todavía un rato observando sus ventanas, cuando  apagaron las luces  nos tumbamos bocarriba en el techo y seguimos allí, mirando las estrellas, y cuando estas también se apagaron nos fuimos a casa resignados  pues ya amanecía. Quizá fue mejor así, si alguna nos hubiera hecho caso a alguno de los dos, la situación habría sido violenta para el otro y quizá eso nos hubiera separado.

REGULAR: Al año siguiente  había  fuegos artificiales en la plaza, dos amigas nuestras nos dijeron que lo mejor para verlos era alejarse del pueblo para tener perspectiva y nos propusieron ir con ellas al  Canto de los Enamorados , Jesús y yo nos miramos con  expectación. Cuando dejamos atrás el Canto de Tio Matias, donde terminaban las farolas del pueblo, aprovechando la oscuridad, nos cogieron de la mano mientras seguíamos caminando. Al llegar al Canto empezó a iluminarse la noche con colores y chispas que dejaban los cohetes como migajas por el cielo, pero apenas los pudimos ver porque teníamos los ojos cerrados  mientras las besábamos. Estuvo  bien pero luego nos confesamos que nos hubiera gustado más que las parejas hubieran estado al revés.

BIEN: Al año siguiente,  al acabar el encierro,  vi cruzando la plaza a dos rubias muy monas que   vestían la misma ropa.  Jesús me dijo que las conocía de vista, del Casino de Talavera. Eran  las gemelas Cavanilles, que habían venido con sus padres a ver los toros .Teníamos 16 años y ya no éramos tan pardillos como en las dos historias anteriores, así que tomamos la iniciativa y fuimos a saludarlas. Las invitamos  a tomar algo a la Peña, y entre risas y confidencias puse en el tocadiscos “La quiero a morir” de Francis Cabrel  (mi arma secreta para conquistar chicas, mi himno de guerra para el amor).Nos pusimos a bailar lentas y  viendo a Jesús, acaramelado, con una de las gemelas mientras yo abrazaba fuerte a la otra entre mis brazos alcancé uno de los  momentos de mayor conexión con él, una comunión total.

Si en la 1º historia las chicas  no nos hicieron caso, en la segunda sí pero no del modo que nos hubiera gustado, en esta tercera historia llegamos a la felicidad absoluta, porque si dos amigos nunca se pueden enamorar de la misma chica, en este caso no había conflicto de intereses : teníamos la misma por duplicado.

miércoles, 1 de mayo de 2024



capítulo 1 "PRIMER DÍA DE CLASE"

 Suena la alarma del reloj pero llevo   despierto bastante tiempo. Hace años que no necesito ponerla , cada vez duermo menos, pero su sonido fastidioso es como un himno en medio de  la batalla que  me recuerda que hay que levantarse y luchar. Hoy necesito especialmente ese impulso, porque hoy es el primer día de mi último curso. 

Soy profesor, en Julio cumplo 65 años y me jubilo. Se acabó. En otras ocasiones, el primer día de curso iba al aula con ilusión, con esperanzas, quería conectar con mis alumnos y sabía que la primera impresión era fundamental, como cuando tienes una cita a ciegas. Pero hoy eso ya me da igual.

Cuando empecé a dar clase cumplí uno de mis sueños,  desde pequeño quise  ser profesor. Otros niños querían ser futbolistas o policías, pero ellos nunca hablaron con Pirri o Cruiff, y mucho menos con Starsky y Hucht , que no existían. Yo necesitaba  un referente más cercano , mi modelo a seguir era Don Manuel. Si Jesús de Nazaret gustaba  rodearse de pobres y pecadores, pues a ellos debía salvar, Don Manuel siempre se acercaba a los  alumnos más rebeldes o con menos  aptitudes por la misma razón. Cuando empecé en esto quería ser como él, creí que  podía cambiar el mundo desde la tarima a través de mis  alumnos  . Ahora me conformo con que estén en silencio mientras   dura la clase y que ayuden a  poner la mesa cuando lleguen a casa.

Llego al Instituto y mi primera clase es con  2º de la ESO, 13 años, la peor edad, ni son niños ni son hombres( a veces dudo de que sean humanos)y no sabes como tratarlos.   Me siento encima de  la mesa, con los pies colgando,  para transmitir  imagen de  cercanía e informalidad. Me presento y les doy un discurso de bienvenida donde, más o menos, suelo decir siempre  lo mismo: “aquí no solo venís solo a aprender matemática o Historia, sino a aprender a ser mejores  personas, a  aprender a ser más  felices …” Entonces escucho una risa falsa que corta mi discurso.

Sentado al final de la clase, con la silla echada para atrás, hay un chaval vestido todo de negro, en la camiseta lleva estampada una calavera por cuyas cuencas salen serpientes amenazantes, toda una declaración de intenciones. Lleva gorra y está comiendo chicle, dos cosas que están prohibidas en el instituto pero que a mi personalmente me dan lo mismo, siempre he creído que es más importante centrarse en lo que hay dentro de los chicos que en lo que llevan por fuera. Además no voy a caer en el error del profesor novato de enfrentarme a él nada más empezar y crearme un enemigo para todo el curso. Entonces , con tranquilidad, le interpelo:

-“¿Cómo te llamas?“Me llamo Ray”, dice con desgana (en realidad se llama Rayana)

- ¿No estás de acuerdo con lo que digo? ¿Tu qué opinas sobre venir al instituto?”

-“ A mi no me interesa nada de lo que se hace aquí.  No es más que una fábrica de robots necesaria para que siga funcionando este asqueroso mundo en el que solo viven bien unos pocos.”

Me sorprende su respuesta, es nihilista pero tiene argumentación, “Quizás tengas razón, pero si quieres cambiar el sistema tendrás que conocer las reglas con las que se juega, tendrás que prepararte aún más que los que están arriba ,si  es que quieres vencerlos”

-“Es imposible hacer nada, esto siempre ha sido así” dice muy convencida

Me mantengo en silencio durante unos segundos, que sienta que estoy valorando su opinión y entonces le respondo: “La Historia nos enseña que no tiene porqué ser así. La revolución se tiene que hacer primero en la mente para luego poder llevarla a  la calle. Mira por ejemplo lo que ocurrió en la Revolución Francesa, aunque eran las clases bajas las que más sufrían la precariedad e injusticias del Antiguo Régimen, fueron los burgueses los que lo  transformaron, porque ellos estaban preparados, habían leído a los filósofos y sabían qué hacer, mientras  los campesinos, analfabetos, no veían más allá del surco que iba haciendo el arado . Los burgueses lograron quitar de la cúspide a la nobleza y se pusieron ellos en su lugar, pero el pueblo siguió estando abajo. ¿Sacas alguna conclusión de esto?”

La chica se quita la gorra y la deja en la mesa, no sé si es una señal de respeto o porque le aprieta la cabeza para pensar. Entonces le guiño un ojo y pienso: “Te pillé”.  

Esta situación la  he vivido en múltiples  ocasiones . Con los alumnos provocadores, con  los más rebeldes hay que tener un poco de mano izquierda . Si rascas un poco, debajo de su aspecto de malotes casi siempre hay una situación familiar o social adversa y en el fondo lo que quieren es que se les escuche, que se les de algo de cariño. Si logras conectar con ellos te son más fieles que ningún otro alumno.  Y entonces vuelvo a recordar porqué elegí esta profesión y al lado de Ray veo a Don Manuel que me sonríe .



 Capítulo 2  "CENTAUROS Y SIRENAS"

Segundo día de clase , después del recreo entro en la clase de 2º A  , los alumnos poco a poco se van sentado aunque todavía queda algún retrasado cruzando  la puerta (me lleva un par de semanas conseguir que sean puntuales). Me dirijo a mi mesa para encender el ordenador y pasar lista (una de las tareas más tediosas de esta profesión) y me encuentro que el teclado está todo embadurnado de Nocilla, parece uno de esos Gofres con chocolate que comía de pequeño en un puesto de la Puerta del Sol.

Habitualmente la primera semana de clase no hay problemas de comportamiento, es una especie de round de tanteo, donde alumnos y profesores van probando fuerzas y se van conociendo, pero estaba claro que alguien había empezado el curso con muchas ganas de pelea. 

Algunos profesores, en esta situación, lanzan improperios y se agitan desde la tarima, para solaz de algunos  alumnos ,especialmente el que lo ha hecho pues ha conseguido su objetivo : sacar al profesor de sus casillas. Otros profesores, de perfil inquisidor, castigan a toda la clase hasta que no salga el responsable lo cual, al ser injusto, tiene un efecto perverso porque los alumnos se ponen más de parte del infractor que del profesor. Yo, si puedo, trato de dar la vuelta a la tortilla, intento que los alumnos se pongan de mi parte y en contra del culpable, así que con tranquilidad y esgrimiendo una sonrisa como único material antidisturbios comenté:

“Queridos alumnos, Vamos a jugar a los detectives, veamos, este teclado lleno de chocolate nos da muchas pistas sobre la persona que ha cometido el delito:

Primera, al susodicho no le gusta la Nocilla, lo que demuestra que es tonto” y ahí ya se produjeron risas con lo que el ambiente tenso que hubiera querido crear el infractor se desvanecía desde el principio, además su acción se volvía como un boomerang contra él.

“Segundo pista: el que lo hecho además de tonto es idiota - hubo más risas-  y veréis que no es un insulto sino una definición de libro: esta palabra la utilizaban los antiguos griegos para referirse a aquel que no se ocupaba de los asuntos públicos sino sólo de sus intereses particulares. En cierto sentido faltar a ese deber era incomprensible para los atenienses, pues pensaban que la defensa de lo público diferenciaba verdaderamente al ciudadano del bárbaro. Nuestro delincuente es idiota, en el sentido griego, porque no ha reparado en inutilizar un material que es de todos, pagado con los impuestos de vuestros padres y que se utiliza para el bien común.

 Tercera pista, el compañero que  ha hecho este atentado no es feliz. Me explico, Cuando, tu familia te quiere, tienes buenos amigos y sacas buenas notas, en definitiva, cuando   te van bien las cosas,  no tienes ganas de empañar ni un ápice ese cuadro tan brillante que es tu vida ,mientras que si , por el contrario, todo te sale al revés  y te sientes triste, te entran ganas de pintar de gris el resto del paisaje.

Mirad, decía Concepción Arenal, una pensadora y poeta española del siglo XIX: “Odia el delito y compadece al delincuente”. Por tanto, para que el compañero o compañera que ha mostrado su dolor estropeando el teclado se sienta ahora  querido, propongo que nos levantemos y digamos con cariño: “Te queremos untador de Nocilla “,

Así lo hicieron con gran regocijo, todos menos Ray, que al final del aula torcía el gesto y se quedaba sentada , lo  que le convertía en la principal sospechosa. Yo podía haberle puesto contra las cuerdas y quizá hubiera confesado pero  pensé  que ya  le había dado una lección y  quería  que todas las ideas que había expuesto quedaran sembradas en su cerebro , por si crecían  alguna vez.

Afirma Rousseau que "El hombre es bueno por naturaleza pero la sociedad le corrompe", yo por el contrario pienso que el ser humano cuando nace es un animal y busca por encima de todo satisfacer sus deseos sin importarle nada los demás, pero la sociedad, a través de la familia y la escuela, le va humanizando. El niño es un salvaje que poco a poco se va amansado, como un lobo que se convierte en perro. Los adolescentes están en medio de este proceso de cambio entre la bestia y el ser humano, son mitad hombres y mitad animales, bichos raros, como los centauros o las sirenas.



 

Capítulo 3  "EXPULSIÓN"

Estaba de guardia en la Biblioteca, los profesores nos turnamos allí   por si un compañero manda a algún alumno expulsado o este llega tarde por las mañanas. La verdad es que identificar la biblioteca con un lugar de castigo no creo que sea la mejor idea para atraer a los chicos a la lectura. En lugar de ver los libros como escalones al conocimiento los terminan confundiendo con los ladrillos de una cárcel.

Desde ahí veía el patio del Instituto, en la cancha de baloncesto estaba la clase de Ray con Adrián, el profesor de Educación Física. Me quedé mirando por la ventana porque estaba interesado en ver como se comportaba con él.  Los profesores de E.F. suelen tener éxito entre los chicos, en primer lugar, porque son súper dinámicos y su asignatura es la más más adecuada para el ímpetu de un adolescente   y en segundo lugar van siempre en chándal , que  es la vestimenta más habitual también entre los chicos, lo cual les hace más cercanos  y menos encorsetados.

 Cuando yo era joven tuve un profesor de Gimnasia, decíamos entonces, que era todo lo contrario, iba con una chaqueta desgastada, como de un terciopelo que alguna vez fue burdeos, tenía barriga y su voz era ronca y rasposa debido a lo mucho que fumaba,  también durante las horas de clase  . Tenía como mote el “Cazalla”  porque decían que todas las mañanas desayunaba con este aguardiente. Era un tipo simpático cuya idea de la asignatura era darnos unos balones y que cada uno jugara a lo que quisiera mientras el leía tranquilamente el MARCA.

La clase de E.F. de ese día consistía en hacer una coreografía, el profesor   les puso por parejas para hacer un baile. Ray se negó a hacerlo en rotundo. Algunas alumnas cuando no quieren hacer alguna actividad de E.F. alegan que tienen la regla, pero Ray no usaba excusas cuando algo no le gustaba. Entonces Adrián le señaló la biblioteca mientras le decía algo en tono enojado.

Cuando llegó a la biblioteca la pregunté, como si no supiera nada: “¿Porqué te han expulsado?”. “Por no querer bailar”, contestó ella como si fuera evidente la injusticia

Yo, después de los tensa relación que habíamos tenido en los primeros días de curso  quería establecer algún puente y le pregunté de manera cordial : “¿Es que no te gusta bailar? Es algo divertido, a todos los jóvenes les gusta ”.  “A mi no”, contestó de manera firme

“¿Pero al menos te gusta la música?”, ella afirmó con la cabeza. “Pues es una pena porque el baile es como el eco de una canción en tu cuerpo, bailar es la sombra de la música”. No sé si entendió mi comparación,  quizá demasiado poética,  pero quería decirle que bailar era algo bello y creativo

 Los que vienen castigados a la Biblioteca deben hacer alguna tarea, no pueden estar sin hacer nada. Lo habitual es que resuman o copien alguna lección del libro (así por lo menos se les queda algo), pero en esa ocasión quise tomar una medida distinta ya que Ray era una alumna diferente.

Le dije: “Ray, no has empezado bien el curso. Has de saber que en cualquier relación humana  si los inicios son buenos , es raro que luego las cosas  se tuerzan . Mira, como estás castigada, te mando como trabajo que busques entre los  libros un inicio que te guste y me lo escribes en una hoja, si te atrae como comienza seguramente quieras seguir leyendo más” . A Ray pareció no disgustarle la tarea porque se puso a hojear libros sin protestar. Pasado un buen rato vi cierta satisfacción en su cara   e inmediatamente se puso a escribir, cuando terminó me  entregó el papel. Había elegido el comienzo de “Tiempos difíciles”, cuyo título seguramente eligió porque le resultaba cercano a lo que ella vivía. Decía así:

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría y también de la locura; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”.

Aunque Dickens se refería a la época de la revolución Francesa, en el siglo XVIII, encajaba perfectamente con la definición de  adolescencia, y Ray me transmitía un mensaje,  su mundo era convulso, confuso ,lleno de contradicciones. Fue de casualidad, pero  había  logrado establecer un lazo de comunicación con ella. Se había abierto una pequeña ventana entre los dos.